Y fue el encuentro, y la historia después de un ayer.
El tiempo perdido; que floreció en un destierro, en la profundidad del ocaso de mi deseo. De mi alma empeñada a un espejismo.
Y un letargo de momento me embargo,
ganando terreno a cada segundo.
Una maravillosa historia que yacía muerta,
que el reencuentro resucito en un soplo. Dando el preámbulo a una primavera que se inicio en el equinoccio de un segundo, abriendo las cortinas a un paisaje paradisiaco, con sus bellos campos floridos, de verdes pastos frescos, que le acariciaban vientos suaves de un pasado lleno de inviernos; vagando como aves sin rumbo, sin destino.
Un delicioso de momento pude paladear, del
jugo y néctar de unos labios mojados de sonrisa,
me deleitaron como manjares para reyes, probando un sazón que no existía.
La penumbra no era, pues ya había sido; pues la luz de tu belleza resplandecía en aquel lugar.
Se deshilaron los momentos entre los dos, gota a gota cayendo las anécdotas perdidas por la memoria; Que solo tu y yo las conocíamos.
Y un suave beso de despedida, se deslizaba en mis mejillas que eran sedientas de ti, que añoraron siempre vivir así; y esa caricia que se acercaba como las nubes de verano en un día esplendoroso.
Al unisonó de tus cabellos, perfume y belleza, aconteció el desenlace de todas mis historias erigidas en tu honor .
Después de tres lustros, desperté del ensueño en que vivía, que me hipnotizaba que hundía a mi alama en la perplejidad de tu entera hermosura, que me engañaba tan maravillosa quimera, que me ilusionaba, en una historia tan irreal de amor inconclusa; pero con un sentimiento que en ti se desbocaba, como furioso río con todo su poder torrencial, o como la lluvia en el mar, que con sus gotas se consumía de los años en que te conocí, se perdieron en el tiempo con un amor Que viví, que soñé, con un regreso, como doncella elegida para un caballero.
(Ricardo Sánchez)